[06/07/2007] - No nos lo pensamos ni un instante… fue hablar de playita y cogimos los dos y nos fuimos a Portugal. Ya el año pasado por estas fechas, cuando conocí a Tati,
me acuerdo que me preguntó si me gustaba viajar y si quería ir a Portugal con ella. La verdad, por aquel entonces pensé que aquella proposición era fruto de esas típicas conversaciones que surgen en las noches de juerga y que al final se quedan en nada… pero no… me sorprendió.
Así que el miércoles quedamos tempranito y emprendimos la marcha. Lo dejé todo en sus manos: ruta, destino, alojamiento… Fuimos un poco a la aventura, pero no sé por qué, estaba supertranquilo, superconfiado en ella, y mi instinto no me traicionó… ahora sé que con Tati iría al fin del mundo…
Llegamos a Lagos tras casi 4 horas de viaje (paradita incluida). El albergue estaba repleto, así que nos enviaron a
una habitación en una casa que tenía la escalera de caracol más estrecha que he visto en mi vida (como para llegar con 2 copitas de más…). Nos gustó el "ático" y nos quedamos allí. Soltamos las maletas y del tirón nos fuimos a una calita cercana. Hacía algo de viento, pero no nos importó. Tati, en su afán por curiosear, se adentró por allí a investigar y se encontró con una parejita en posición de "desahogo"… en fin… A nosotros se nos pasó la tarde hablando de nuestras cosillas inmersos en esas intensas conversaciones que tanto me gustan. Ya de noche, fuimos a cenar a un restaurante donde casi reventamos de tanto comer… y de postre, ¡¡¡un heladito con 3 bolas!!! Total, que a eso de las 12, como los niños buenos, ya estabamos acostaditos… ¡como no había Barceló!
Nos quedamos dormidos escuchando a "los animales del establo"… ¡yo no sé de dónde venían esos ruidos!
El jueves por la mañana, tras comprar provisiones en un supermercado, fuimos a ver toda la parte de la costa cercana al Cabo de San vicente (en la puntita de Portugal). Decidimos quedarnos en una cala superchula que divisamos desde lo alto de un acantilado. El agua estaba supercongelada, pero con la tontería del reportaje fotográfico, empezamos a mojarnos y al final dijimos "¡ahora o nunca!", y nos pegamos un minichapuzón mientras veíamos a los surferos esquivar las rocas. Ya por la tarde, nos acercamos al famoso faro (de visita "obrigada")
y de vuelta, nos paramos en las ruinas de una fortaleza a curiosear un poco. Ya duchaditos, hicimos algunas fotos en un jardín que teníamos al lado de la casa, entramos en un pub irlandes donde las mesas estaban en el techo y jugamos una partidita de billar (todavía no sé de qué color eran mis "pelotas"). Cenamos en el "Celta snack-bar", Tati compró su bolita de nieve para su colección y yo le compré un regalito a mi compi del alma, a mi MJ, no me podía olvidar de ella. Al regresar a nuestra habitación, como hoy era jueves, no podía faltar nuestra cita con el "Kábbala club", así que Tati se puso la camisa e hizo que me sintiera como en casa… vamos, en mi 2ª casa.
El viernes, tras hartarnos de dormir otra vez, recogimos y entregamos las llaves. Tuvimos intención de quedarnos en la "Praia Doña Aña", pero había mucha gente y nos fuimos. Cogimos el camino de vuelta, quisimos parar antes en otro sitio,
pero entre la charla y los despistes, al final nos encajamos de nuevo en España. Paramos en el mismo sitio a comernos nuestra baguette de tortilla, repostar, y ya no parar hasta llegar a Jerez a eso de las 5 de la tarde.
Y bueno, no quiero terminar sin agradecerle a mi compañera de viaje que haya compartido conmigo estos 3 diitas que nunca olvidaré. Ella ha sido testigo de mi primera salida al extranjero y espero que no sea la última. De recuerdo, entre otras cosas, nos traemos el morenito de Portugal (y alguna que otra quemadura). ¡¡¡Tati, gracias por todo!!!